martes, enero 12, 2010

12 de enero, 12,53

Presumiblemente sigo pesando 97,8 kilos.

Tras largas reflexiones. He decidido comer una tortilla de espinacas y el pequeño resto de una lechuga.

Aunque de aquí al día 26 me alimentase exclusivamente de zumo de zanahoria (que detesto) no conseguiría entrar en el traje que llevé en la última boda familiar. Y no hablemos del traje de mi boda.

Y esta semana tengo que terminar y revisar la traducción de un libro de 300 páginas. Puede que eso me ayude a adelgazar.

Cortarme el pelo ayudaría a mejorar mi aspecto.

14,09

La tortilla resultó escasa (no consigo calcular bien la cantidad de espinacas congeladas) y su aspecto era deplorable. Aún así no sabía mal. La acompañé con la lechuga y un poco de pimiento rojo. Me voy a hacer un té a modo de postre. Hace un frío que pela.

12 de enero, 97,8 kilos a las 10,53

Seamos sinceros: yo actúo por impulso. Y hace unos diez minutos decidí, por un impulso, ponerme a régimen, y llevar un diario de ello.

Me he desnudado, me he pesado, y la báscula me ha informado de lo que peso: 97,8 kilos. Casi 15 más de lo que debería pesar, según calculó una de las varias endocrinólogas (¿endocrinas?) que he visitado en los últimos años.

Ya lo sé, debería haberme pesado nada más levantarme y tras vaciar los intestinos. Eso me hubiese ofrecido un dato más exacto de mi sobrepeso. El problema es que mis impulsos no suelen pillarme recién levantado. Además, a la mierda la exactitud. No voy a estar menos gordo si resto la taza de té con miel, las dos tostadas (grandes) y el café (con azúcar) que he ingerido esta mañana.

El día 26 de enero voy a conocer a la autora de un libro que he traducido, y no quiero que vea en mí al hombre de barriga puntiaguda en el que me he convertido sin beber cerveza.

Tengo justo dos semanas.

Dos semanas para pasar de ser un hombre gordo a tener cierto sobrepeso. Dos semanas para decirle a K.P., si se tercia, "estoy tratando de cuidarme algo más" y que me crea.

Mis impulsos no suelen ser aislados. Tengo cita para otra endocrinóloga el 18. Pero empezar el 18 me parece un poco tarde. Además, me pedirá análisis y no me dará un régimen hasta primeros de febrero. Y para entonces K.P. estará en París con la idea de que es traducida al español por un gordito amable.

¿Vanidad? Pues claro. ¿Por qué iba a adelgazar si no? ¿para que deje de darme la lata la hernia de hiato? ¿para dejar de resoplar cuando hago el amor con C., con la sensación de que la estoy aplastando? Los regímenes se hacen por vanidad, hombre.

miércoles, diciembre 09, 2009

Afrique 50

A veces, leer el periódico no es una forma de perder el tiempo. En El País de ayer entrevistaban a René Vautier.

Cuarenta y seis años tardaron los franceses en poder ver Afrique 50, un documental de René Vautier que pasa por ser el cineasta más censurado de Francia, y yo añadiría del mundo, pues en ningún otro país podría tener alguien la oportunidad de ser tan censurado. Hoy sigue siendo un desconocido en su país, e incluso su entrada en la Wikipedia faltan referencias a esta durísima película, reflejo de la sangrienta política colonial francesa, y aún más sangrienta política postcolonial.

¿No es acaso un gran paso para la humanidad el leer un artículo en el periódico y poder ver inmediatamente la obra a la que hace referencia? Los mercaderes de la cultura nunca podrán entender eso.



martes, diciembre 01, 2009

¡Ponte a escribir de una vez!

Escribir. Se dice fácil. Tan fácil como decir "la inspiración tiene que cogerte trabajando". ¿Y quién te pone a trabajar sino la inspiración?
Triste excusa.
Tictactictac.
Andaba yo muy optimista cuando abrí el ventanuco de "Nueva entrada".
Tictactictac.
Juraría que tenía algo que decir. Se me habrá olvidado.

jueves, noviembre 19, 2009

¿Qué hijos vamos a dejar al mundo?

“Cuando el ciudadano-ecologista pretende plantear la cuestión más incómoda preguntando: ¿qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos? evita plantearse esta otra cuestión, realmente inquietante: ¿qué hijos vamos a dejar al mundo?”

Jaime Semprún, El abismo que se repuebla, Éditions Encyclopedie des nuisances, 1997

miércoles, noviembre 18, 2009

Balanza de bolsillo

Ayer vi en una tienda de decomisos (sí, todavía existen, no todas han sido fagocitadas por los todoacién) una balanza de bolsillo, aproximadamente como ésta:

Como soy un caprichoso sin redención, me entraron ganas de comprármela. Mi cerebro de consumista se puso en marcha, encontrándole varias utilidades al aparatejo; menos mal que acudió en mi ayuda el sentido común, que me dijo: "Si costase cinco euros, ya me parecería una tontería pero ¿gastarse treinta euros por lo menos en un cacharro que vas a guardar en un cajón? Así que me alejé preguntándome: ¿para qué querría nadie una balanza de bolsillo?
Supongo que a priori soy un cándido, y que realmente hay gente que lleva una balanza en el bolsillo. Pensándolo un poco se me ocurren pocas cosas legales que requieran sacarse una balanza de la chaqueta.