jueves, noviembre 19, 2009

¿Qué hijos vamos a dejar al mundo?

“Cuando el ciudadano-ecologista pretende plantear la cuestión más incómoda preguntando: ¿qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos? evita plantearse esta otra cuestión, realmente inquietante: ¿qué hijos vamos a dejar al mundo?”

Jaime Semprún, El abismo que se repuebla, Éditions Encyclopedie des nuisances, 1997

miércoles, noviembre 18, 2009

Balanza de bolsillo

Ayer vi en una tienda de decomisos (sí, todavía existen, no todas han sido fagocitadas por los todoacién) una balanza de bolsillo, aproximadamente como ésta:

Como soy un caprichoso sin redención, me entraron ganas de comprármela. Mi cerebro de consumista se puso en marcha, encontrándole varias utilidades al aparatejo; menos mal que acudió en mi ayuda el sentido común, que me dijo: "Si costase cinco euros, ya me parecería una tontería pero ¿gastarse treinta euros por lo menos en un cacharro que vas a guardar en un cajón? Así que me alejé preguntándome: ¿para qué querría nadie una balanza de bolsillo?
Supongo que a priori soy un cándido, y que realmente hay gente que lleva una balanza en el bolsillo. Pensándolo un poco se me ocurren pocas cosas legales que requieran sacarse una balanza de la chaqueta.

domingo, septiembre 16, 2007

Bloguero

La palabra blog no está en el diccionario de la Academia. Así que ni me molesto en buscar bloguero.

bloguero/a1. com. Dícese de la persona que escribe habitualmente en un blog.


En esta definición existe pues una restricción -restricción que yo mismo me he impuesto, pues la definición la he redactado yo- habitualmente. Este es, vamos a ver... el cuarto o quinto blog que inauguro, lo que me convierte más que en un bloguero en alguien que se ha planteado alguna vez -cuatro o cinco- el serlo.

sábado, septiembre 15, 2007

Otra casilla de salida

Cuando uno decide que lo que quiere ser en esta vida es escribir, aunque sea con veinticinco años de retraso, lo primero que debe hacer es ponerse a escribir. Suena fácil, y uno se imagina a Jane Austen escribiendo Sense and Sensibility de un tirón, a la luz de un candil y con una pluma de ganso mojada en tinta china, y se pregunta de qué sirve el rápido teclado del ordenador si uno no sabe qué coño decir.
Pero ni Jane Austen escribía sus libros de un tirón ni uno ignora qué decir. Lo que ignora es cómo decirlo y, hasta que esa inspiración llegue, aporrea el teclado del ordenador para que la musa no le pille tocándose las narices, como ha ocurrido los últimos veinticinco años. Y eso ya es algo.
El otro día soñé que toda mi vida había querido ser escritor, y que hubiera estado dispuesto a pasar hambre y cualquier clase de calamidad por ello. El problema es que eso caducó hace unos años, y si yo me condeno a pasar calamidades condeno también a varias personas que dependen de mí. La cuestión está en si las condeno realmente o si serían felices viendo que me dedico a lo que realmente siempre he querido, dando el ejemplo que no tuve. ¿Sacrificarse por el incierto futuro de los que te siguen? Suena bonito, pero falso.

Un rato después
Ser escritor es escribir. El otro día me decía alguien que el problema de los escritores es que los demás los consideran como tales cuando han publicado un libro, y no mientras lo están escribiendo.
-¿A qué te dedicas?
-Soy escritor.
-¿Ah sí? ¡Qué interesante! ¿Has publicado algo que pueda leer?
-No, no he publicado nada, sólo escribo.
-Ah -Silencio embarazoso seguido de un comentario alabador sobre el color de tu camisa.

domingo, enero 21, 2007

Grifos

Cuando era pequeño, todos los lavabos tenían dos grifos: uno para el agua caliente y el otro para la fría. ¡Qué estupidez! Pensaréis, pues eso significaba que por uno salía agua muy caliente y por el otro agua muy fría; imposible lavarse bajo un chorro de agua templada. En realidad, lo que pasaba era que, cuando se diseñaban los lavabos, nadie pensaba que las manos -o la cara, o la cabeza, o el cuerpo- se debiesen lavar bajo un chorro; lo normal era verter cierta cantidad de agua en el lavabo y lavarse con ella.

Fui creciendo y conmigo fue creciendo la cultura de la comodidad. El tener un lavabo con un solo grifo mezclador era sinónimo de riqueza. Pronto todas los baños estuvieron equipados con su bonito y cromado grifo mezclador, y pronto empezamos a ver el tapón del lavabo como un accesorio inservible.

Y es que comodidad, en el lenguaje del consumismo, rima con despilfarro.

Ahorrad agua, que de algún sitio hay que sacar la que riega los campos de golf.

jueves, diciembre 21, 2006

Método para enfriar rápidamente

Tomado de ésta página.

Acabas de llegar del “ponga aquí el nombre de su supermercado favorito” y te apetece tomarte una lata de refresco (véase Cerveza) bien fresquita… pero acabas de comprarlas y están más calientes que una novia. ¿Dónde y cómo las enfriamos?

Nuestro primer recurso es el lugar más frío de la casa, el congelador. Así en aproximadamente media hora estará lista para tomar… aunque, como diría Homer: “oooohh… pero yo la quiero ahora!!” ¿Podemos hacer algo? ¿Hay alguna forma de acelerar el proceso? ¿Podemos engañar a la Madre Naturaleza para que trabaje para nosotros? SÍ, PODEMOS.

Si metemos la lata en el congelador tardaríamos entre 20 y 30 minutos, observa si en lugar de meterla sola, la acompañamos de lo siguiente:

Dentro de un recipiente con agua y hielo: 3 - 5 minutos.

Si pones sal en el agua: 2 minutos.

Hice la prueba ayer en la nevera (no tenía espacio en el congelador… se acercan esas fechas en las que todos comemos como si fuésemos ricos): Tazón con agua, sal y dos cubitos de hielo… 5 minutillos… la lata pasó de temperatura ambiente (18º C) a tener hielo flotando.

Esta técnica (la del hielo, el agua y la sal) se suele usar en los hoteles para enfriar y mantener frío el champán (me lo contó El Vitri).

Explicación:
La mezcla baja rápidamente de temperatura sin llegar a congelarse gracias a la sal. Ésta, para disolverse, necesita energía y tendrá que tomarla absorbiendo el “calor” del agua. A la vez, el hielo se derretirá puesto que el contacto con la sal disminuye su temperatura de solidificación… y para perder la estructura sólida también necesita energía por lo que también la tomará del agua enfriándola aún más. Por supuesto, el contacto con el exterior “dificulta” nuestro objetivo… (el aire caliente aporta energía)… pero en una nevera el proceso no tendrá freno. De modo que podéis considerar al congelador como un SuperBoost.