sábado, mayo 20, 2006

Diez libros

El otro día, en la fiesta del quinto aniversario de Booket (en la que pudimos comprobar que hay quien sabe ganar dinero vendiendo libros sin llorar constantemente) nos regalaron un paquete de 10 libros, que supuestamente habían sido elegido por los lectores como los diez fundamentales de tan inmensa colección. Hoy me he enfrentado a ellos por primera vez:

1984, de Orwell. Lo leí allá por 1985.

El perfume, de Süskind. Poco más tarde.

Los renglones torcidos de Dios, de Luca de Tena. Me da pereza.

El peregrino de Compostela, de Coelho. Lo he intentado, pero me ha pasado como con el resto de sus libros que he abierto, imposible pasar de la primera página.

El hobbit, de Tolkien. No pude tragarlo con dieciocho, ni me lo planteo a los 39,9.

Beatriz y los cuerpos celestes, de Etxebarría. He empezado a leerlo, no está mal, pero tiene un regusto a pasado de moda, a cosa vieja sin valor.

El hereje, de Delibes. Delibes siempre merece una oportunidad.

La aventura del tocador de señoras, de Mendoza. Casi lo mismo que Delibes.

Se quedan para la repesca El origen perdido, de Asensi y Donde el corazón te lleve, de Tamaro, por simple ignorancia.

Eso es todo, me voy a ver cómo se las arregla la Etxebarría. Curiosidad morbosa.

El tigre de Malasia



Por fin alguien me ha encontrado un parecido razonable, porque la verdad es que era algo envidiable lo de estos dos:




Sí, bueno, vosotros seréis grandes estrellas inmortales de la historia del séptimo arte. Pero yo soy lo que siempre quise ser (pero en otros mares).



"Sandokán es un príncipe de Borneo que ha jurado vengarse de los británicos, quienes lo desposeyeron de su trono y asesinaron a su familia. Por ello se dedica a la piratería, con el sobrenombre de Tigre de Malasia, para lo que cuenta con la fidelidad incondicional de una tripulación compuesta tanto de malayos como de dayakos de Borneo." (Wikipedia)

Temblad imperios del mundo, el Tigre ha vuelto.

viernes, mayo 19, 2006

Dos fotos atrás

Mary Strange me dijo ayer que le gustaba mucho mi foto como opositor.

Si ya me lo decía mi madre: estudiando estás más guapo.

miércoles, mayo 17, 2006

Mil novecientos setenta y tantos



Me encanta esta foto. Estamos en casa de mi abuela, seguramente un domingo. La casa de mi abuela era el refugio ideal, el lugar adonde de niño, quería llegar. Allí soñaba y me sentía protegido en mis sueños. Subir a ese tercero sin ascensor, balancearme en la mecedora del balcón repleto de geranios era la expresión de la felicidad. En todos mis sueños de felicidad hay una mecedora y huele a geranio.

En mi muñeca izquierda cuelga mi primer reloj, marca Orient, que, como era sumergible y automático, no me quité en muchos años, dormía y me bañaba con él, su, considerable, peso me daba seguridad, le venció el destrozo a golpes al que le sometí.

En esa foto el flequillo me sienta bien. Mi padre se empeñaba en peinarme hacia atrás, pero era invencible. No me libré de él hasta segundo de carrera.

Estado civil: ¿opositor?


Tras la euforia del día menos uno, la angustia del primer día, y la confusión de los siguientes. Me encuentro en la etapa de ¿seré capaz de memorizar esta sarta de banalidades tramposas?

Lo cierto es que mi capacidad de concentración aumenta poco a poco, pero demasiado lentamente. Me siento como un peón frente a una montaña en la que debe horadar un túnel. Los primeros golpes de pico parecen inútiles, y cunde el desánimo cuando la arena acumulada encima durante miles de años viene a colmar el trabajo hecho. Supongo que, cuando lleve unos metros, y me interne en la oscuridad absoluta, la sensación será distinta.

lunes, febrero 20, 2006

Yerba mate y otras cosas sueltas

Desde hace poco me he aficionado a la yerba mate. Los argentinos y uruguayos hablan maravillas. Magnesio en cantidades industriales, diurética, ayuda a adelgazar... me preocupa mucho el alto contenido en cafeina, pero no veo que sea tan excitante como el té o el café, sino más bien revitalizante (como decía la hormiga atómica). Además, como todo lo he tenido que aprender solo, no sé si lo cebo bien.

Se me ha ido el santo al cielo. Envidio a la gente que puede pasarse horas y horas haciendo el trabajo que le gusta (ya hablé de que se consideraba un modo de alcanzar la felicidad. Lo he experimentado muy pocas veces. La cabeza funciona a velocidad de crucero, las ideas fluyen, te acuestas excitado y te cuesta dormirte, pero no experimentas la ansiedad del insomnio, sino que el sueño va creciendo a medida que los pensamientos disminuyen su ritmo, y te levantas descansado.

Avanzo lentamente, pero avanzo. No deja de preocuparme el hecho de que pueda pararme en seco, pues avanzar es una sensación extraña a mí, acompañada de una alegría serena y de un punto de preocupación, pues todavía no sé adónde voy, ni hacia dónde quiero ir.

domingo, febrero 19, 2006

Van Gogh

Decía: "si escuchas una voz que te dice, no puedes pintar, pinta, y la voz se callará".

Y aunque como pintor es para mí uno de los mejores, no le dejo de reprochar el haber hecho de su vida un callejón sin salida.